Parece que fue ayer, pero han pasado más de 30 años desde la aparición de la Ducati Monster en el Salón de Colonia de 1992. Por supuesto, Ducati no inventó entonces el segmento naked, pero sí la manera de contemplar una moto desnuda. Hasta entonces, una naked era sinónimo de moto económica, sin aspiraciones prestacionales -al menos entre las 4T- y no eran precisamente objetos de deseo.
Con la aparición de la M900 Monster, la lujuria se adivinaba en los ojos del que la contemplaba y se convirtió en el sueño húmedo de no pocos motoristas, especialmente los jóvenes, a los que se nos pegaban las páginas de las revistas, de tanto contemplarla. Y lo más curioso es que, en su génesis, no había una sola pieza nueva.
A finales de los 80 y principios de los 90, al igual que la mayoría de las marcas europeas, Ducati no pasaba por su mejor momento. En 1988 había nacido el campeonato del mundo de Superbikes (hoy SBK) y, aunque los dos primeros años el campeón fue Fred Merkel con una RC30, en 1990 la victoria fue para Ducati con la bellísima 851, con Raymond Roche a sus mandos; en 1991 y 1992 repitió Ducati con Doug Polen a lomos de su evolución, la Ducati 888.
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